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La paz de los cementerios, el precio de un mal diagnóstico. Por Maximiliano F. Parente

 


La paz de los cementerios, el precio de un mal diagnóstico.

Maximiliano F. Parente, Abogado y estudiante de la Lic. en Economía
27 de agosto de 2024.

Al cumplirse 50 años de la muerte de Juan Domingo Perón, CFK dio una entrevista en la que analizó el escenario político actual. A su vez, en el recorrido histórico que abordó, repasó la etapa del segundo gobierno del General, en el cual se llevó adelante un plan de estabilización, que logró bajar la inflación del 37% en 1951, al 3% en 1954.
Hoy asistimos a un nuevo proceso económico en nuestro país que intenta, una vez más, la síntesis de la última dictadura cívico militar: “Achicar el Estado es agrandar la nación”, frase célebre del ex ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz. Así como ahora, en ese momento se sostuvo que la causa principal de la inflación argentina era el déficit fiscal financiado con emisión monetaria. 
Para eliminar el déficit fiscal, la dictadura anunció cuatro líneas de medidas: 
1) reducción de los empleados estatales; 
2) eliminación del déficit de las empresas públicas; 
3) reducción gradual hasta la eliminación del aporte federal para cubrir los déficits de las provincias; 
4) recortar las obras públicas. 
El resultado fue que, durante los cinco años del gobierno de Videla, la inflación se ubicó siempre por encima del 100%: 1976 (444%), 1977 (176%), 1978 (171,4%), 1979 (163%), 1980 (100,8%), un promedio del 211% anual, más alto que cualquier gobierno anterior. Luego de eso, se mantuvo en ascenso por encima de los tres dígitos, alcanzando su pico en 1983, con 343,8%, dando punto final a una experiencia económica que fracasó.
Las experiencias pasadas nos demuestran que, al no reconocer la inflación como un fenómeno multicausal, se termina diagnosticando mal, errando así en la solución a aplicar.

El stop & go, un problema que se repite

Durante la década del cincuenta, la recurrente presencia de la restricción externa, o sea, el estrangulamiento productivo por falta de divisas, fue lo que originó la imposibilidad de un acabado desarrollo industrial argentino. A este fenómeno se lo denominó “ciclos cortos” o “stop & go”, un concepto que se podría traducir en que, luego de un período de auge industrial (go), el nivel de demanda de productos manufacturados pasa a ser tan alto que las divisas producidas por el campo, y en mucho menor medida por las manufacturas nacionales, son insuficientes para seguir importando maquinarias e insumos necesarios para continuar con el crecimiento industrial. Entre la década del cincuenta y la actualidad se experimentaron más de 20 “stop”, luego de períodos de auge económico.
Para hacer frente a este inconveniente, un 18 de febrero de 1952, Perón anunció un "Plan de Emergencia Económica", que buscaba reducir el déficit externo con "austeridad", menos consumo, más ahorro y más producción. Perón no fue por el camino de la devaluación, a pesar de la fuerte apreciación del tipo de cambio real de esos años. A cambio de evitarla, los salarios fueron congelados por dos años, luego de ajustarse entre el 40% y el 80% según la actividad, respecto de los niveles de 1949. También se congelaron los precios y las tarifas públicas y se fijaron utilidades máximas.

Devaluar es un perro que se muerde la cola

En contraposición, el gobierno de Javier Milei dio inició a su gestión con una devaluación que representó una suba del 118% del dólar, lo que disparó la inflación de diciembre al 25,5%. Desde el inicio, el gobierno repite un mantra que asegura que estábamos al borde de la hiperinflación y que, gracias a las primeras medidas, se habría logrado revertir ese escenario. Ahora bien, si observamos la evolución del IPC desde la asunción de la nueva gestión, podremos observar que hay una ralentización en el ritmo de la baja de dicho índice, que oscila en el 4% (porcentaje similar que se sostuvo en los
años 2020 y 2021, los previos a la sequía).

Al devaluar, el gobierno pretendía mejorar la competitividad en el sector externo, para así acumular reservas vía exportaciones. Pero la devaluación no podría calificarse de exitosa, ya que se trasladó a precios en un margen de tiempo que no le permitió acumular un nivel de reservas considerable.


Se puede observar que, para finales de julio, casi la mitad de lo acumulado en 6 meses se fue en sólo 2 semanas. Las voces de alarma de varios sectores le advierten al gobierno que tendría que volver a devaluar, de manera inmediata o acelerando el ritmo del crawling peg de 2% para no perder competitividad.

La gran cuestión de la medida radica en que significó en términos sociales un empobrecimiento generalizado de la sociedad argentina, del cual no hay señales de recuperación. Según el informe Radiografía de la pobreza en Argentina: realidad social y solidaridad que es esperanza del Observatorio de la Deuda Social Argentina que elabora la UCA, se estima que en los primeros 120 días de gestión hubo un incremento del 11% en la tasa de pobreza (lo que la elevó al 55%). La indigencia pasó del 9,6 al 17,5 en el primer trimestre del 2024.
Y no conformes con la medida, exigen una nueva devaluación, porque a su vez los precios de commodities están en baja. ¿Valió la pena pagar el precio de la devaluación? Me parece que no!




La incoherencia como lema

Contradiciéndose a sí mismo, el presidente aumentó la base monetaria desde el inicio de su gestión, 
a pesar de que afirmaba que la inflación era un fenómeno estrictamente monetario.


Por otro lado, el IPC fue descendiendo después del salto devaluatorio, pero se observa estancado en el ritmo en los últimos meses. ¿No será que tal vez sí existía un problema de reservas que te hacía más vulnerable en el plano cambiario?
Discursivamente se sostienen ideas que profesan la libertad económica, pero en la práctica ya empezaron a agarrarle el gusto a los instrumentos que tachaban de intervencionistas e insostenibles en otros momentos. “Es mentira que con cepo no se puede crecer”, comenzó a repetir Milei en los últimos días. 
A su vez, ahora se utiliza el ancla del tipo de cambio oficial para intentar profundizar la caída de la inflación, que muestra una clara resistencia a retroceder. El gobierno se intenta aferrar con uñas y
dientes a su relato de la baja de la inflación porque es el único dato que puede mostrar.
El problema es que sigue perdiendo reservas, lo que podría forzarlos tarde o temprano a devaluar nuevamente, y eso terminaría por aumentar otra vez la inflación, empobreciendo todavía más en el proceso.
Quizás si no se hubiera negado de buenas a primeras cuestiones estructurales de la economía argentina, o la naturaleza multicausal de la inflación, en la cual intervienen conceptos como la puja distributiva, el escenario sería distinto.
Lo que sí puedo asegurar es que improvisar sobre la marcha, ya sea esperando a que repunten los precios de commodities para acumular reservas, o ilusionándose con que Trump gane las elecciones en Estados Unidos, para así poder acceder a nuevo financiamiento externo, claramente no sería un plan económico.

Por desgracia, el experimento libertario termina convirtiendo a su laboratorio de experimentación en un enorme cementerio económico. Un cementerio en el que se sigue apareciendo el fantasma de la inflación, pero lo que sí ya no hay es consumo, buenos salarios, o jubilaciones dignas. Siguiendo por este camino, el fantasma solamente desaparecerá una vez que nada más se mueva entre las tumbas.

Maximiliano F. Parente, Abogado y estudiante de la Lic. en Economía
27 de agosto de 2024.











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