Para poder juzgar la eficiencia y la oportunidad de los planes de gobierno de cada país, es esencial analizar, los cambios constantes en la dinámica del mundo actual. Los países latinoamericanos deben conocer perfectamente donde están parados, si desean aprovechar las oportunidades de insertarse con estrategias de desarrollo que acompañen este proceso y deberán prepararse para, sortear los intentos de boicot de la derecha continental, amortiguar el impacto de los conflictos bélicos, los bloqueos económicos y los intentos de intervención de las democracias con grupos armados.
En un país a contramano como Argentina, con un
presidente con discursos que hablan de comunismo y capitalismo, llama la
atención la visión alejada respecto a un panorama actual.
La geopolítica es la óptica de análisis científica, multidimensional, más adecuada para entender el impacto que tienen los sucesos de los países centrales, en las economías de los no centrales y cómo estos tienen que adaptarse. Por ello en este trabajo intentaremos describir algunos aspectos del panorama de un orden mundial que se está consolidando, donde las economías asiáticas se posicionan en los mercados, observando luego, los desafíos que tienen por delante nuestras economías, si desean posicionarse en este nuevo contexto.
La Economía Geopolítica es una nueva disciplina
académica, que sirve para comprender el mundo multipolar, reconstruir su
evolución y evaluar su potencial.
Si
quisiéramos graficar el cambio de “placas tectónicas” del poder mundial en
tiempos contemporáneos, podemos tomar tres fotografías. La del Acuerdo de Yalta
en 1945, finalizada la Segunda Guerra Mundial, donde están los partícipes de la
victoria, Roosevelt, Churchill y Stalin, imagen representa el comienzo del
mundo bipolar, de la Guerra Fría, de la tensión capitalismo-comunismo. La
segunda imagen es la del encuentro en Nueva York, luego de la caída del Muro de
Berlín en 1989, el comienzo de la unipolaridad, donde están los vencedores,
Bush y Reagan y el presidente perdedor, Mijaíl Gorbachov. Por último, la
tercera foto, pertenece a la Cumbre de Samarcanda (2022), en el centro de Asia,
donde se encuentran el primer ministro indio, Narendra Modi, el presidente de
la Federación Rusa, Vladímir Putin y el presidente de China, Xi Jinping. Esta
imagen marca la consolidación del mundo multipolar. En síntesis, tres fotos que
representan tres etapas distintas de las fases de la geopolítica mundial y que,
obviamente, nos afectan.
Si nos remontamos a la Guerra Fría, el combate era más que un combate entre el capitalismo y el comunismo, era una guerra contra el desarrollo combinado en general. Actualmente, China gobernada por el Partido Comunista, es el mayor desafío al que se enfrentan los poderes capitalistas establecidos, mientras que Rusia, que les hace frente, es un legado del pasado soviético.
En un mundo multipolar, surge el concepto de
desarrollo combinado, ya que el surgimiento de nuevas potencias genera
desarrollo en otros países, ampliando
la capacidad productiva alrededor del mundo en olas sucesivas, por ejemplo en
la industrialización de los Estados Unidos, Alemania y Japón cerca de 1870; la
industrialización de la Unión Soviética en la década de 1930, junto con un
mínimo de industrialización en los países coloniales que fue posible porque la
Gran Depresión rompió los vínculos comerciales entre Occidente y sus colonias;
las recuperaciones económicas impulsadas por los Estados en Europa Occidental y
Japón durante la posguerra; la primera ola de países recientemente
industrializados o NIC (Corea del Sur y Taiwán) en la década de los sesenta, seguidos
de otros; y, recientemente, los BRICS y las otras economías emergentes. Dado
que cada ola dejó un saldo mayor de desarrolladores exitosos que compiten entre
sí por mercados y salidas de inversión, los países menos desarrollados tuvieron
cada vez más opciones, lo que hizo al desarrollo combinado más fácil.
Históricamente, la acción estatal ha demostrado mayor
capacidad para generar crecimiento, que la coordinación del mercado, el control
que las clases capitalistas ejercen sobre la política estatal, limita a la
política pública occidental a una política monetaria, cuyo único propósito es
brindar liquidez a las mismas instituciones financieras que causaron la crisis,
para continuar con la única forma de generación de ganancias de la que son capaces,
la especulación financiera, mientras que las economías productivas y los
niveles de empleo se desgastan, y la pobreza y la desigualdad crecen. Esta
inaceptable política es públicamente justificada con un discurso sobre cómo la
política monetaria está orientada hacia cambios en los niveles de actividad económica
y cómo el crecimiento se encuentra a la vuelta de la esquina de la próxima
política monetaria. Este discurso sirve para alejarse de la única alternativa
que puede reanudar un crecimiento productivo amplio, un profundo programa de
gasto e inversión pública, simplemente porque supondría una intervención
estatal de tal escala que implicaría desplazar a los capitalistas del volante
de la economía.
El liderazgo chino se posicionó iniciando un proceso para expandir la demanda nacional, primero con el auge de la inversión tras la crisis del 2008, luego con el aumento de salarios y expansiones de la demanda nacional, y finalmente, los ambiciosos y recientes planes para desarrollar una nueva ruta de la seda.
Uno de los hechos más recientes que impacta en la
economía de los países que importan energía y que exportan comodities, como es
el caso de Argentina, es la guerra proxi entre Ucrania, con el apoyo de la OTAN
y EE.UU., contra Rusia, que inició en el 2023. Con una economía condicionada
por el FMI, en cusca del déficit cero, bajo el método de la reducción de los
subsidios, principalmente en materia energética, la disparada de los precios de
la energía en el mundo, producto de la guerra, complica el sistema productivo y
encarece los precios de todos los bienes, principalmente el de los alimentos.
Además, tanto Ucrania como Rusia son grandes
productores de cereales por lo que la guerra impactó directamente en el precio
de las commodities. Si bien esto fue una buena noticia para los
productores agropecuarios, no hay duda de que impacta directamente en la
inflación argentina como ocurre cada vez que se incrementa el precio de la soja
o de la carne vacuna.
Esta coyuntura global nos puso frente a varios
desafíos, primero, evitar que el encarecimiento mundial de la energía y
las commodities se traslade al mercado interno, a la vez,
cumplir las metas que nos puso el FMI e intentar conservar una posición de
neutralidad pragmática ante los conflictos entre potencias.
Los países asiáticos, para intentar cierta neutralidad han sabido reaccionar con cautela, cuidando sus intereses nacionales. Ni China, ni India, Turquía, Serbia, Paquistán, Irán o los países del Golfo, se han sumado a las sanciones propuestas por EE.UU. Incluso Corea del Sur, fuerte aliado de Occidente debido al conflicto que mantiene con su homóloga del Norte, mandó a EE.UU. una carta de exención para poder seguir comerciando con la Federación Rusa.
Por su parte, China e India, que suman casi la mitad
del PBI mundial, llevan adelante prácticas orientadas a maximizar los
beneficios para el desarrollo nacional. Los Estados trabajan para integrar los
flujos de comercio, inversión y financiamiento internacionales, preservando los
espacios y los instrumentos de política necesarios para definir e implantar un
modelo de desarrollo propio. En la configuración de un Nuevo Sur, liderado por estos
dos “gigantes asiáticos”, es clave contribuir a un régimen de gobernanza
internacional democrático e incluyente, que combine interdependencia global y
autonomía nacional.
La herramienta que tienen los países latinoamericanos para
adaptarse plenamente a esta nueva coyuntura es fortalecer las instancias
regionales, como la CELAC o el Mercosur. Con proyectos en común respecto a los
temas que atraviesan a toda la región, como la cooperación aeroespacial y
aeronáutica, gestión de riesgos de recursos naturales, gestión sostenible de
recursos oceánicos y lucha contra la corrupción. También, hacer intervenciones
conjuntas en organismos internacionales, adaptar sus políticas exteriores y fortalecer
los contactos con socios extrarregionales, como la Unión Europea, China, la
India, Rusia, Turquía y Corea del Sur.
En este nuevo contexto, surgieron nuevas instituciones financieras internacionales, como el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura, con sede en Beijing. Ya son diecinueve los países de la región que han firmado un memorando de entendimiento en relación con la Iniciativa del Cinturón y la Nueva Ruta de la Seda, el proyecto estrella de la política exterior china.
Mas allá de las divergencias ideológicas de los
gobiernos de turno, es importante que Latinoamérica acepte lo que significa
dejar de ser zona de influencia exclusiva de una sola potencia y se disponga a
practicar un verdadero no alineamiento activo, para poder aprovechar las
oportunidades y ser parte de un nuevo orden económico mundial.
Desde el siglo XIX, los grandes diseños de política
externa en el continente están tutelados, primero por el imperio inglés, luego
por el imperio norteamericano. Toda la política exterior latinoamericana se encuentra
delineada en función de las estrategias geopolíticas conducidas por las
potencias del norte, alineamiento durante la Guerra Fría, modelos económicos,
apertura política, regímenes dictatoriales, votaciones en Naciones Unidas,
entrega de recursos naturales. Sin embargo, durante la primera década del siglo
XXI esto se derrumba.
Un antecedente fue la victoria de los gobiernos
populares, lo que podríamos denominar, una Internacional progresista y
revolucionaria continental. Los presidentes Lula da Silva, Kirchner, Correa,
Morales, Chávez y Ortega dan institucionalidad continental sin presencia
norteamericana, con la Unasur y la Celac, que permitirá dar pasos gigantescos
en la constitución de decisiones soberanas y en la planificación del futuro de
nuestras naciones, sin condicionamientos.
Está claro que no puede existir soberanía política sin
soberanía económica, que representa la base material de cualquier soberanía
posible y justamente eso es lo que ha logrado el continente en esta década
virtuosa: emancipación de las dependencias crediticias y apertura a otros
mercados, como el asiático y el europeo, que diversificaron las fuentes de
obtención de recursos; todo esto clave a fin de construir una estructura
política latinoamericana propia para comenzar a debatir el futuro compartido.
Dos intentos de Estados Unidos concretos de intervenir
las democracias y boicotiar este proceso de desarrollo con inclusión social
fueron, en 2002, el golpe de Estado en Venezuela a Hugo Chávez o en 2008, el
golpe civil en Bolivia, en contra del presidente Evo Morales, conflictos que
pudieron sortearse, gracias a la solidaridad entre países hermanos, fue la
Unasur lo que ayudó a restablecer el orden democrático y a retomar la
iniciativa política por parte del Gobierno nacional.
El continente tiene una de las mayores reservas de minerales
estratégicos, de agua dulce y biodiversidad, los mayores tesoros de este siglo,
de litio, gas y petróleo; y además es una de las zonas de mayor producción
agrícola del mundo. Tiene una amplia población joven, con incremento de su formación
profesional, que está incursionando en la fabricación de tecnología y
generación de conocimiento.
En
este contexto, la derecha continental, en la disputa por el control del
excedente económico existente en la región, siempre buscará hacer fracasar
cualquier proyecto popular y revolucionario.
Durante estos años, el continente avanzó en cambios políticos (la participación del pueblo en la construcción de un Estado), cambios sociales (la redistribución de la riqueza y reducción de las desigualdades), cambios económicos (la participación activa del Estado en la economía, la ampliación del mercado interno y la creación de nuevas clases medias) y, en lo internacional, la articulación política latinoamericana sin la presencia norteamericana.
Si analizamos la experiencia de los países con buenos
resultados en términos de desarrollo con inclusión social, vemos que el rol del
estado es fundamental, no como un actor que obstaculiza el accionar de los
privados, sino como un actor que lidera el camino hacia el crecimiento
económico, no solo haciendo inversiones en temas que el sector privado no los
haría, como la contaminación, en áreas de mucho riesgo o con poca promesa de
beneficio, sino que, con fuerza innovadora y de cambio, liderando la industria del conocimiento, para
generar condiciones de producción y explotación con valor agregado y alta
rentabilidad, consolidándose así como un socio clave del sector privado.
Abordar, desde un estado eficiente, misiones
específicas que atraigan talentos, que generen experiencias en determinadas
áreas, en investigaciones que el sector privado no esté dispuesto a hacer,
supone también que existan instituciones financieras como en Brasil o en China
que asignen créditos que financien proyectos de inversión, de investigación, para
estos fines, entendiendo el impacto en el desarrollo económico que estas
actividades tienen en el país.
Es un continente que, si actúa, no como la suma de países separados, sino como una unidad política y económica, podrá redireccionar a favor propio el curso de la economía mundializada.
Conclusiones
En un mundo en constante cambio, los gigantes
asiáticos, tuvieron la capacidad de sostener planes de gobierno que, durante
años, llevaron adelante un alto grado de intervención estatal, inversiones
estratégicas y políticas públicas que orientaban el desarrollo de mercados con
alto valor agregado, importaciones selectivas y una industria del conocimiento,
de ciencia y tecnología de vanguardia.
Las guerras proxi, como la de Rusia y Ucrania, donde
Estados Unidos y la OTAN, intentan debilitar la economía Rusa, mediante un
ataque militar a través de Ucrania, es un claro escenario de acuerdos entre
países para bloquear el abastecimiento de Rusia, la destrucción de
infraestructura, usando la ubicación estratégica de otro país para lograr el
objetivo de que el poder mundial no se divida en tantas manos.
La única manera que tienen las economías
subdesarrolladas de insertarse en este nuevo orden mundial es mediante la
regionalización. La posibilidad de comerciar con precios internacionales
competitivos, desarrollar mercados y mejorar costos logísticos, es una
oportunidad que solo puede aprovecharse constituyendo un bloque de poder, en el
que puedan protegerse mutuamente de los ataques imperialistas.
Así fue la intención de los países que conformaron la
Unasur, lamentablemente un proceso de cooperación interrumpido por el ataque
incansable de la derecha por evitar la solidez de un proyecto con inclusión
social, que daba grandes esperanzas de desarrollo.
Actualmente, las ultraderechas que ganan elecciones en
los países América Latina, tienen características entreguistas, con políticas
como el RIGI, de incentivo a grandes inversiones en actividades extractivas,
que, a diferencia de Singapur, se complementa con altos niveles de
endeudamiento con organismos internacionales y un programa de eliminación de
subsidios e inversión pública, en ciencia y tecnología y en la actividad
productiva en sectores estratégicos.
El modelo que ejecuta la ultraderecha argentina, no
condice con un modelo económico próspero, sino que habilita vías que favorecen
la pérdida de reservas y la pérdida de soberanía jurídica en litigios por la
explotación de los recursos naturales.
En este contexto, el gobierno argentino parece
desconocer el mundo en el que estamos parados y socava las estructuras
productivas, pone en manos de privados centrales termoeléctricas y muchas otras
empresas estratégicas del estado, desconociendo los resultados nefastos que
históricamente trajeron a nuestro país, estas viejas recetas.
Como expresa Mariana Mazzucato, en su libro el Estado
Emprendedor, es esencial el rol del Estado como actor dinamizador e innovador
en los procesos de desarrollo económico, generando alianzas estratégicas con el
sector privado, más aún con aquellos que tienen poder de veto, para lograr el
consenso entre los intereses individuales y el bienestar colectivo.
“El Estado no puede ni debe doblegarse fácilmente ante
grupos de interés que buscan subvenciones, rentas y privilegios innecesarios…En
lugar de esto, el Estado debería buscar a aquellos grupos de interés que
trabajen con él de forma dinámica para conseguir el crecimiento y el cambio
tecnológico” (Frase extraída de su libro)
En un mundo que está cuestionando el rol del estado, debemos reconfigurar la relación público privada para que los gobiernos elegidos tengan una continuidad de políticas que coloquen al estado en un lugar de liderazgo empresario y no subsidiario.
Bibliografía
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Marian Mazzucato. El
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