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¿Cómo impacta en Latinoamérica las tensiones internacionales del siglo XXI? por Melina Olivera

 



Para poder juzgar la eficiencia y la oportunidad de los planes de gobierno de cada país, es esencial analizar, los cambios constantes en la dinámica del mundo actual. Los países latinoamericanos deben conocer perfectamente donde están parados, si desean aprovechar las oportunidades de insertarse con estrategias de desarrollo que acompañen este proceso y deberán prepararse para, sortear los intentos de boicot de la derecha continental, amortiguar el impacto de los conflictos bélicos, los bloqueos económicos y los intentos de intervención de las democracias con grupos armados.

En un país a contramano como Argentina, con un presidente con discursos que hablan de comunismo y capitalismo, llama la atención la visión alejada respecto a un panorama actual.

La geopolítica es la óptica de análisis científica, multidimensional, más adecuada para entender el impacto que tienen los sucesos de los países centrales, en las economías de los no centrales y cómo estos tienen que adaptarse. Por ello en este trabajo intentaremos describir algunos aspectos del panorama de un orden mundial que se está consolidando, donde las economías asiáticas se posicionan en los mercados, observando luego, los desafíos que tienen por delante nuestras economías, si desean posicionarse en este nuevo contexto.

La Economía Geopolítica es una nueva disciplina académica, que sirve para comprender el mundo multipolar, reconstruir su evolución y evaluar su potencial.

Si quisiéramos graficar el cambio de “placas tectónicas” del poder mundial en tiempos contemporáneos, podemos tomar tres fotografías. La del Acuerdo de Yalta en 1945, finalizada la Segunda Guerra Mundial, donde están los partícipes de la victoria, Roosevelt, Churchill y Stalin, imagen representa el comienzo del mundo bipolar, de la Guerra Fría, de la tensión capitalismo-comunismo. La segunda imagen es la del encuentro en Nueva York, luego de la caída del Muro de Berlín en 1989, el comienzo de la unipolaridad, donde están los vencedores, Bush y Reagan y el presidente perdedor, Mijaíl Gorbachov. Por último, la tercera foto, pertenece a la Cumbre de Samarcanda (2022), en el centro de Asia, donde se encuentran el primer ministro indio, Narendra Modi, el presidente de la Federación Rusa, Vladímir Putin y el presidente de China, Xi Jinping. Esta imagen marca la consolidación del mundo multipolar. En síntesis, tres fotos que representan tres etapas distintas de las fases de la geopolítica mundial y que, obviamente, nos afectan.

Si nos remontamos a la Guerra Fría, el combate era más que un combate entre el capitalismo y el comunismo, era una guerra contra el desarrollo combinado en general. Actualmente, China gobernada por el Partido Comunista, es el mayor desafío al que se enfrentan los poderes capitalistas establecidos, mientras que Rusia, que les hace frente, es un legado del pasado soviético.

En un mundo multipolar, surge el concepto de desarrollo combinado, ya que el surgimiento de nuevas potencias genera desarrollo en otros países, ampliando la capacidad productiva alrededor del mundo en olas sucesivas, por ejemplo en la industrialización de los Estados Unidos, Alemania y Japón cerca de 1870; la industrialización de la Unión Soviética en la década de 1930, junto con un mínimo de industrialización en los países coloniales que fue posible porque la Gran Depresión rompió los vínculos comerciales entre Occidente y sus colonias; las recuperaciones económicas impulsadas por los Estados en Europa Occidental y Japón durante la posguerra; la primera ola de países recientemente industrializados o NIC (Corea del Sur y Taiwán) en la década de los sesenta, seguidos de otros; y, recientemente, los BRICS y las otras economías emergentes. Dado que cada ola dejó un saldo mayor de desarrolladores exitosos que compiten entre sí por mercados y salidas de inversión, los países menos desarrollados tuvieron cada vez más opciones, lo que hizo al desarrollo combinado más fácil.

Históricamente, la acción estatal ha demostrado mayor capacidad para generar crecimiento, que la coordinación del mercado, el control que las clases capitalistas ejercen sobre la política estatal, limita a la política pública occidental a una política monetaria, cuyo único propósito es brindar liquidez a las mismas instituciones financieras que causaron la crisis, para continuar con la única forma de generación de ganancias de la que son capaces, la especulación financiera, mientras que las economías productivas y los niveles de empleo se desgastan, y la pobreza y la desigualdad crecen. Esta inaceptable política es públicamente justificada con un discurso sobre cómo la política monetaria está orientada hacia cambios en los niveles de actividad económica y cómo el crecimiento se encuentra a la vuelta de la esquina de la próxima política monetaria. Este discurso sirve para alejarse de la única alternativa que puede reanudar un crecimiento productivo amplio, un profundo programa de gasto e inversión pública, simplemente porque supondría una intervención estatal de tal escala que implicaría desplazar a los capitalistas del volante de la economía.

El liderazgo chino se posicionó iniciando un proceso para expandir la demanda nacional, primero con el auge de la inversión tras la crisis del 2008, luego con el aumento de salarios y expansiones de la demanda nacional, y finalmente, los ambiciosos y recientes planes para desarrollar una nueva ruta de la seda.

Uno de los hechos más recientes que impacta en la economía de los países que importan energía y que exportan comodities, como es el caso de Argentina, es la guerra proxi entre Ucrania, con el apoyo de la OTAN y EE.UU., contra Rusia, que inició en el 2023. Con una economía condicionada por el FMI, en cusca del déficit cero, bajo el método de la reducción de los subsidios, principalmente en materia energética, la disparada de los precios de la energía en el mundo, producto de la guerra, complica el sistema productivo y encarece los precios de todos los bienes, principalmente el de los alimentos.

Además, tanto Ucrania como Rusia son grandes productores de cereales por lo que la guerra impactó directamente en el precio de las commodities. Si bien esto fue una buena noticia para los productores agropecuarios, no hay duda de que impacta directamente en la inflación argentina como ocurre cada vez que se incrementa el precio de la soja o de la carne vacuna.

Esta coyuntura global nos puso frente a varios desafíos, primero, evitar que el encarecimiento mundial de la energía y las commodities se traslade al mercado interno, a la vez, cumplir las metas que nos puso el FMI e intentar conservar una posición de neutralidad pragmática ante los conflictos entre potencias.

Los países asiáticos, para intentar cierta neutralidad han sabido reaccionar con cautela, cuidando sus intereses nacionales. Ni China, ni India, Turquía, Serbia, Paquistán, Irán o los países del Golfo, se han sumado a las sanciones propuestas por EE.UU. Incluso Corea del Sur, fuerte aliado de Occidente debido al conflicto que mantiene con su homóloga del Norte, mandó a EE.UU. una carta de exención para poder seguir comerciando con la Federación Rusa.

Por su parte, China e India, que suman casi la mitad del PBI mundial, llevan adelante prácticas orientadas a maximizar los beneficios para el desarrollo nacional. Los Estados trabajan para integrar los flujos de comercio, inversión y financiamiento internacionales, preservando los espacios y los instrumentos de política necesarios para definir e implantar un modelo de desarrollo propio. En la configuración de un Nuevo Sur, liderado por estos dos “gigantes asiáticos”, es clave contribuir a un régimen de gobernanza internacional democrático e incluyente, que combine interdependen­cia global y autonomía nacional.

La herramienta que tienen los países latinoamericanos para adaptarse plenamente a esta nueva coyun­tura es fortalecer las instancias regionales, como la CELAC o el Mercosur. Con proyectos en común respecto a los temas que atraviesan a toda la región, como la cooperación aeroespacial y aeronáutica, gestión de riesgos de recursos naturales, gestión sostenible de recursos oceánicos y lucha contra la corrupción. También, hacer intervenciones conjuntas en organismos internacionales, adaptar sus políticas exteriores y fortalecer los contactos con socios extrarregionales, como la Unión Europea, China, la India, Rusia, Turquía y Corea del Sur.

En este nuevo contexto, surgieron nuevas instituciones financieras internacionales, como el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura, con sede en Beijing. Ya son diecinueve los países de la región que han firmado un memo­rando de entendimiento en relación con la Iniciativa del Cinturón y la Nueva Ruta de la Seda, el proyecto estrella de la política exterior china.

Mas allá de las divergencias ideológicas de los gobiernos de turno, es importante que Latinoamérica acepte lo que significa dejar de ser zona de influencia exclusiva de una sola potencia y se disponga a practicar un verdadero no alineamiento activo, para poder aprovechar las oportunidades y ser parte de un nuevo orden económico mundial.

Desde el siglo XIX, los grandes diseños de política externa en el continente están tutelados, primero por el imperio inglés, luego por el imperio norteamericano. Toda la política exterior latinoamericana se encuentra delineada en función de las estrategias geopolíticas conducidas por las potencias del norte, alineamiento durante la Guerra Fría, modelos económicos, apertura política, regímenes dictatoriales, votaciones en Naciones Unidas, entrega de recursos naturales. Sin embargo, durante la primera década del siglo XXI esto se derrumba.

Un antecedente fue la victoria de los gobiernos populares, lo que podríamos denominar, una Internacional progresista y revolucionaria continental. Los presidentes Lula da Silva, Kirchner, Correa, Morales, Chávez y Ortega dan institucionalidad continental sin presencia norteamericana, con la Unasur y la Celac, que permitirá dar pasos gigantescos en la constitución de decisiones soberanas y en la planificación del futuro de nuestras naciones, sin condicionamientos.

Está claro que no puede existir soberanía política sin soberanía económica, que representa la base material de cualquier soberanía posible y justamente eso es lo que ha logrado el continente en esta década virtuosa: emancipación de las dependencias crediticias y apertura a otros mercados, como el asiático y el europeo, que diversificaron las fuentes de obtención de recursos; todo esto clave a fin de construir una estructura política latinoamericana propia para comenzar a debatir el futuro compartido.

Dos intentos de Estados Unidos concretos de intervenir las democracias y boicotiar este proceso de desarrollo con inclusión social fueron, en 2002, el golpe de Estado en Venezuela a Hugo Chávez o en 2008, el golpe civil en Bolivia, en contra del presidente Evo Morales, conflictos que pudieron sortearse, gracias a la solidaridad entre países hermanos, fue la Unasur lo que ayudó a restablecer el orden democrático y a retomar la iniciativa política por parte del Gobierno nacional.

El continente tiene una de las mayores reservas de minerales estratégicos, de agua dulce y biodiversidad, los mayores tesoros de este siglo, de litio, gas y petróleo; y además es una de las zonas de mayor producción agrícola del mundo. Tiene una amplia población joven, con incremento de su formación profesional, que está incursionando en la fabricación de tecnología y generación de conocimiento.

En este contexto, la derecha continental, en la disputa por el control del excedente económico existente en la región, siempre buscará hacer fracasar cualquier proyecto popular y revolucionario.

Durante estos años, el continente avanzó en cambios políticos (la participación del pueblo en la construcción de un Estado), cambios sociales (la redistribución de la riqueza y reducción de las desigualdades), cambios económicos (la participación activa del Estado en la economía, la ampliación del mercado interno y la creación de nuevas clases medias) y, en lo internacional, la articulación política latinoamericana sin la presencia norteamericana.

Si analizamos la experiencia de los países con buenos resultados en términos de desarrollo con inclusión social, vemos que el rol del estado es fundamental, no como un actor que obstaculiza el accionar de los privados, sino como un actor que lidera el camino hacia el crecimiento económico, no solo haciendo inversiones en temas que el sector privado no los haría, como la contaminación, en áreas de mucho riesgo o con poca promesa de beneficio, sino que, con fuerza innovadora y de cambio,  liderando la industria del conocimiento, para generar condiciones de producción y explotación con valor agregado y alta rentabilidad, consolidándose así como un socio clave del sector privado.

Abordar, desde un estado eficiente, misiones específicas que atraigan talentos, que generen experiencias en determinadas áreas, en investigaciones que el sector privado no esté dispuesto a hacer, supone también que existan instituciones financieras como en Brasil o en China que asignen créditos que financien proyectos de inversión, de investigación, para estos fines, entendiendo el impacto en el desarrollo económico que estas actividades tienen en el país.

Es un continente que, si actúa, no como la suma de países separados, sino como una unidad política y económica, podrá redireccionar a favor propio el curso de la economía mundializada.

Conclusiones

En un mundo en constante cambio, los gigantes asiáticos, tuvieron la capacidad de sostener planes de gobierno que, durante años, llevaron adelante un alto grado de intervención estatal, inversiones estratégicas y políticas públicas que orientaban el desarrollo de mercados con alto valor agregado, importaciones selectivas y una industria del conocimiento, de ciencia y tecnología de vanguardia.

Las guerras proxi, como la de Rusia y Ucrania, donde Estados Unidos y la OTAN, intentan debilitar la economía Rusa, mediante un ataque militar a través de Ucrania, es un claro escenario de acuerdos entre países para bloquear el abastecimiento de Rusia, la destrucción de infraestructura, usando la ubicación estratégica de otro país para lograr el objetivo de que el poder mundial no se divida en tantas manos.

La única manera que tienen las economías subdesarrolladas de insertarse en este nuevo orden mundial es mediante la regionalización. La posibilidad de comerciar con precios internacionales competitivos, desarrollar mercados y mejorar costos logísticos, es una oportunidad que solo puede aprovecharse constituyendo un bloque de poder, en el que puedan protegerse mutuamente de los ataques imperialistas.

Así fue la intención de los países que conformaron la Unasur, lamentablemente un proceso de cooperación interrumpido por el ataque incansable de la derecha por evitar la solidez de un proyecto con inclusión social, que daba grandes esperanzas de desarrollo.

Actualmente, las ultraderechas que ganan elecciones en los países América Latina, tienen características entreguistas, con políticas como el RIGI, de incentivo a grandes inversiones en actividades extractivas, que, a diferencia de Singapur, se complementa con altos niveles de endeudamiento con organismos internacionales y un programa de eliminación de subsidios e inversión pública, en ciencia y tecnología y en la actividad productiva en sectores estratégicos.

El modelo que ejecuta la ultraderecha argentina, no condice con un modelo económico próspero, sino que habilita vías que favorecen la pérdida de reservas y la pérdida de soberanía jurídica en litigios por la explotación de los recursos naturales.

En este contexto, el gobierno argentino parece desconocer el mundo en el que estamos parados y socava las estructuras productivas, pone en manos de privados centrales termoeléctricas y muchas otras empresas estratégicas del estado, desconociendo los resultados nefastos que históricamente trajeron a nuestro país, estas viejas recetas.

Como expresa Mariana Mazzucato, en su libro el Estado Emprendedor, es esencial el rol del Estado como actor dinamizador e innovador en los procesos de desarrollo económico, generando alianzas estratégicas con el sector privado, más aún con aquellos que tienen poder de veto, para lograr el consenso entre los intereses individuales y el bienestar colectivo.

“El Estado no puede ni debe doblegarse fácilmente ante grupos de interés que buscan subvenciones, rentas y privilegios innecesarios…En lugar de esto, el Estado debería buscar a aquellos grupos de interés que trabajen con él de forma dinámica para conseguir el crecimiento y el cambio tecnológico” (Frase extraída de su libro)

En un mundo que está cuestionando el rol del estado, debemos reconfigurar la relación público privada para que los gobiernos elegidos tengan una continuidad de políticas que coloquen al estado en un lugar de liderazgo empresario y no subsidiario.

 

Bibliografía

·         García Delgado, Daniel (2022). La guerra en Ucrania. Cambio geopolítico y consecuencias para la Argentina.

  • Girado, Gustavo (2021), “China y la geopolítica de la estandarización”.
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  • Desai Radhika (2015), “Economía Geopolítica: La disciplina de la Multipolaridad”.
  • Fortín, Carlos; Heine, Jorge; Ominami, Carlos, (2020) “Latinoamérica: no alineamiento y la segunda Guerra Fría”, Foreign Affairs Latinoamérica, Vol. 20: Núm. 3, pp. 107-115.

·         García Delgado, Daniel y Racovschik, Alejandra (2021). La integración regional frente a todo propósito. En: Papeles de Coyuntura, Área Estado y Políticas Públicas, FLACSO Argentina. 15/04/2021

·         García Linera, Álvaro (2017), “¿Fin de ciclo progresista o proceso por oleadas revolucionarias?”, en Sader, Emir (2017), Las vías abiertas de América Latina: siete ensayos en busca de una respuesta: ¿fin de ciclo o repliegue temporal?, Caracas, CELAG, BANDES.

·         Marian Mazzucato. El Estado Emprendedor.


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