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LOBOS CAÍDOS EN SU DÍA

 

Por: Maximiliano F. Parente.


“Corderito… no es bueno mantener al lobo hambriento (terminás con el corazón en la boca te lo digo yo, ji – ji). Vos, corderito, multiplicaste la crueldad durante milenios. No tuviste compasión. No hiciste uso del movimiento del alma que nos hace sensibles al mal que padecen los demás.”

Fragmento de la carta de Lupus El Lobo enviada a Rulo El Cordero,

del álbum “Lobo suelto, cordero atado, vol. 1” de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.



 El lobo y el cordero”, pintura de Jean-Baptiste Oudry



Hoy conmemoramos un nuevo Día del Trabajador, en reconocimiento a quienes contribuyen todos los días al desarrollo y la prosperidad de nuestro país. Mucha sangre se ha derramado a lo largo de la historia, en pos de acallar una lucha que busca mejorar las condiciones de vida de quienes ponen su cuerpo y alma para dignificar el suelo que respetan y aman.

No han sido pocas las veces en las que injustamente se los ha señalado como los lobos, salvajes y violentos que sólo buscan el desorden para que reine una distorsionada maldad, construida desde el malintencionado relato mediático. Se los señala y persigue así porque en la política el peligroso siempre fue el pueblo, el “aluvión zoológico” que tuvo el atrevimiento de poner las patas en la fuente en un histórico 17 de octubre. Para ello, los mismos creadores de dicha narrativa aparentan la inocencia del cordero, inocentes señores del billete a los que no les tiembla el pulso para exigir bajar salarios y jubilaciones, o reducción de impuestos que desembocan en una menor calidad de las escuelas y hospitales a los que acuden los lobos.

Efectivamente, hoy los lobos están heridos, y se dice que ya están sordos, que no escuchan más por tanto montaje electoral sonso, e infidelidades de mandatos que los llevaron a votar al cordero Milei.

 

Ladrón de mis derechos

El 27 de septiembre de 1974 se publicó la Ley de Contrato de Trabajo (LCT) 20744, ley protectora hija de la justicia social, cuyo autor fue el Dr. Norberto Centeno. Último legado de Perón a su único heredero, el pueblo argentino, que no pudo promulgar él mismo porque ya había pasado a la inmortalidad. Con la llegada de la dictadura cívico militar, no se tardó ni un mes para despedazarla. El derecho de huelga desapareció de un plumazo con el decreto ley 21.261. Y el 23 de abril de 1976, por medio de otro decreto ley, Videla derogó casi 30 artículos y modificó alrededor de 100 de la LCT, sobre los 301 que contenía originalmente. En julio de 1977, en Mar del Plata la dictadura les arrebató la vida a Norberto Centeno y a otros destacados abogados laboralistas, en una operación siniestra que hoy se la conoce como “La Noche de las Corbatas”.

Con la vuelta de la democracia, la deuda pendiente de reestablecer el espíritu de la LCT con sus derechos individuales nunca se saldó, aunque nobleza obliga mencionar que con el Dr. Raúl Alfonsín se restablecieron derechos colectivos (régimen de asociaciones sindicales, ley 23551), de convenciones colectivas de trabajo (ley 23546), de negociación colectiva (decreto 108/88), de obras sociales (ley 23660 y 23661) y se derogó la prohibición del derecho de huelga.

Después vino el Menemato y su reforma laboral, la Ley de Empleo 24013 del año 1991 (no hay inocencia en que se titule empleo y no trabajo, por la palabra emplear/usar). El objetivo era adecuar las modalidades de trabajo a las rápidas subidas y bajadas de los mercados financieros, el riesgo se trasladó a los trabajadores. Lo que dio nacimiento a los contratos basura (por tiempo determinado, por lanzamiento de nueva actividad, práctica laboral para jóvenes, trabajo-formación, por temporada, eventual por agencia, a prueba, y demás hechizos muy sencillos), que dividieron al personal entre “permanentes” y “contratados”. Y no conformes con eso, llegado el gobierno de la Alianza vino la “Ley Banelco” en el año 2000, que extendió el período de prueba de 1 a 6 meses, con opción de renovación, y habilitó los convenios por empresa, en lugar de por rama o actividad (fragmentando más la fuerza obrera).

Amasadas las fortunas y cargados los bolsillos de los corderos, para diciembre de 2001, uno de cada cuatro argentinos se encontraba desocupado; el trabajo no registrado se había duplicado, llegando al 50%, igual que la pobreza, y la criminalidad se había multiplicado por veinte. Empresarios, políticos e inversores especuladores fungieron en un tándem caníbal, con licencia normativa para envenenar a los lobos.

 

¡Lobo, ¿estás?!

La secuencia se corta con la irrupción del matrimonio Kirchner al poder ejecutivo nacional. En 2003 se lanzó el Plan Nacional de Regularización del Trabajo (PNRT), que mejoró la formalidad en el mercado laboral mediante las inspecciones periódicas. Un año más tarde se sancionó la Ley 25.877, que derogó la "Ley Banelco". Se fiscalizaron cerca de 1,4 millones de establecimientos que incluyeron a más de 4 millones de trabajadores inspeccionados. Durante el período 2003-2014, la cobertura de los empleadores asegurados se incrementó un 100 % y los trabajadores cubiertos aumentaron un 88 %. Se llegó al récord histórico de casi 9 millones de trabajadores cubiertos por el sistema y a la cantidad de trabajadores registrados más alta en 38 años. El salario mínimo creció 1338 % en 10 años y se aumentaron las indemnizaciones por riesgos del trabajo, modificando el régimen legal y eliminando el tope máximo que había impuesto la legislación anterior.

La presidencia de Macri significó una caída en el empleo registrado, que pudo recuperarse en el gobierno de Alberto Fernández (con pandemia mundial en su inicio), pero a día de hoy se vuelve a observar la dinámica del descenso. 

¿Qué conclusión podemos sacar de la evolución histórica? La de que el trabajo registrado no aumenta con la flexibilización laboral, más bien está estrechamente vinculado con los períodos de bonanza económica.

Prueba de ello es la reforma laboral con la que inició el gobierno de Milei, que amplió otra vez el período de prueba, que estaba en 3 meses y lo llevó a 6 (por convenio colectivo se puede ampliar hasta 8 meses en empresas de entre 6 y 100 trabajadores, y hasta 1 año en empresas de menor tamaño, de hasta 5 trabajadores). A su vez, se invirtió la presunción del contrato de trabajo cuando se ejecutan obras o prestan servicios, por lo que si en la contratación de obras o de servicios profesionales se emiten los recibos o facturas correspondientes "no se presume que haya un contrato de trabajo". Además, se eliminaron las infracciones, multas y sanciones a los empresarios que no registraron a sus empleados.

Lo que sí crece en el contexto actual es el trabajo independiente monotributista, impulsado por el fenómeno de la Uberización. Se da así un encubrimiento con las plataformas digitales (que en realidad son empresas, empleadores). En esa lógica, se las presenta como una relación de iguales, sin tener en cuenta que se ha modificado lo que conocemos como empresa. Frente a esta realidad, el gobierno no propone ninguna solución, como podría ser la creación de un estatuto único que tenga en cuenta las particularidades del trabajo en plataformas, que vendría con la posibilidad de capitalizar las ventajas del trabajo digital, como los horarios flexibles y la autonomía, garantizando al mismo tiempo que los trabajadores reciban un salario justo y que se respeten sus derechos laborales básicos, como las horas de trabajo y las condiciones de seguridad.

Con el nuevo acuerdo del FMI, se espera que se presente una nueva reforma laboral y otra previsional (esta última muy probablementebuscará aumentar la edad jubilatoria) para después de las elecciones legislativas de octubre de este año. Lejos queda el debate de la reducción de la jornada laboral que se está dando en buena parte del resto del mundo. Ante tal devenir, es necesario que los lobos reflexionen sobre a quiénes le confiaran su voto, porque puede sellar el resto de sus vidas y las de sus hijos (después de que se hacen las reformas, es arduo lograr que vuelvan para atrás). ¿Van a permitir los trabajadores que eso pase? El negocio de la reforma laboral es muy difícil de explicar a los lobos, pero fácil de enseñar a usar entre los corderos, porque ellos las crean. Como trabajador, el lobo es fiel a sí mismo y a los suyos, porque no entrega su piel, sólo se la sacan cuando ha muerto. El cordero no, entrega la suya todos los años por plata. Mucho cuidado con los de la piel de cordero, esa lana inocente es la gran distracción para que no se fijen en sus dientes manchados de sangre.

La hora llegará, y deberán invocarse los escondidos, convalecientes y sonados lobos, si es que quieren volver a pilotar sus sueños. Para eso, deberán ser fuertes con su unión en este bosque siempre cruel, e interrumpir el arte del buen comer de los corderos.

Pero por ahora, feliz día, lobos.

 

En memoria de Norberto Centeno.

 

Maximiliano F. Parente, Abogado y estudiante de la Lic. en Economía,

1 de mayo de 2025.



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